viernes, 1 de junio de 2012


De vez en cuando pienso en cuándo estábamos juntos y decías que podías morir de la felicidad. Me dije a mi misma que eras el chico para mi. Después de un tiempo, me acuerdo de lo sola que me sentía en tu compañía y el amor que te tenía pasó a ser solamente dolor, todavía lo siento. Me hice adicta a ese tipo de tristeza, hasta que nos dimos cuenta que ya no tenía sentido estar juntos y me dijiste que podíamos ser amigos. Admito que me hizo bien que termináramos, pero no tenías porqué hacer cómo si nunca hubiera pasado nada, como si yo no existiera y no necesité tu amor. Me trataste como una extraña y eso se sintió mal. Caíste muy bajo haciendo que tus amigos vinieran a pedirme tus cosas y luego cambiar tu número, pero supongo que no necesito eso de todos modos. Ahora simplemente eres alguien a quién yo conocía. Me acuerdo todo lo que me prohibías, en lo que me perjudicabas, lo que me hacías, la forma en que discutíamos; y al final terminabas haciéndome creer que todo era mi culpa. No quise más vivir de esa manera, siempre analizando cada palabra de lo que decías. Recuerdo que me dijiste que ibas a superarlo.

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